domingo, 31 de julio de 2011

UN GRAN PASO PARA LOS PUEBLOS ORIGINARIOS EN Alte. BROWN (Prov. BUENOS AIRES)


Se espera fortalecer la educación, la salud y
el desarrollo general de las comunidades originarias

El Consejo Indígena de Almirante Brown y el municipio de este distrito firmaron en conjunto el Convenio Marco con el objetivo de fortalecer el Consejo Indígena y promover el trabajo en el área de Derechos Humanos.
El objetivo se centra en desarrollar políticas que logren garantizar el respeto a los derechos humanos de los Pueblos Originarios. Al mismo tiempo se espera que se fortalezca tanto la educación como la salud y el desarrollo general de las comunidades originarias.

Teniendo en cuenta los inconvenientes de los Pueblos originarios con la obtención de las tierras que habitan, también se prevé resolver los problemas habitacionales que aquejan a esta comunidad.
En el acto, estuvieron presentes la subsecretaria municipal de Derechos Humanos, María Rosa Martínez y el director de Derechos Humanos, Alejandro Merediz, por parte del Municipio, y los representantes del Consejo Indígena Ariel Condorí y René Salteño, quien suscribió el Convenio en su carácter de coordinador.

El partido del Gran Buenos Aires Almirante Brown cuenta con las comunidades Tobas (dos comunidades), Mocoví, Tupí –guaraní, Kollas, Mapuches y Andina.
En el último conteo realizado hace tres años había en la zona 80 mil “hermanos” de todas las edades. Se estima que esa cantidad creció a más de 90 mil.


Fuente: http://urbano-echeverria.com.ar
30 de Julio 2011

domingo, 24 de julio de 2011

RESILIENCIA: ALQUIMIA QUE TRANSFORMA EL DOLOR EN FORTALEZA por Griselda Gutierrez


El término resiliencia está tomado de las ciencias duras (de la Física), y hace referencia a la capacidad de un cuerpo físico de recobrar su forma original, a pesar de haber sido expuesto a altas presiones, presiones que no lograron deformarlo en forma permanente.
Viene del latín resilī́re que significa rebotar, saltar de nuevo o retornar de un salto.
Fue introducido en el campo de la Psicología para referirse a la capacidad de las personas a enfrentar situaciones difíciles y superarlas, en otras palabras pasar por situaciones adversas, aprender de ellas y salir fortalecidas. Todo lo contrario sucede con las personas vulnerables, que no saben cómo enfrentar dichas situaciones, se derrumban, se quiebran sin poder identificar los recursos que les permitirían superarla.

Más allá de todas las consideraciones teóricas los invito a ver un video protagonizado por un joven de 22 años que ejemplifica muy bien lo que es convertir el dolor en fortaleza, adversidad en aprendizaje…en otras palabras: un ejemplo de persona resiliente.


sábado, 9 de julio de 2011

UN VAGABUNDO "FIRST CLASS" PARTIÓ DE ESTE MUNDO por Griselda Gutierrez


Alguna vez leí una entrevista a Facundo Cabral donde le pedían que se defina y él lo hacía con estas palabras:

“Yo soy un vagabundo first class”

Esa respuesta me encantó porque verdaderamente era la síntesis elegante y perfecta del andar de un trovador, un ciudadano del mundo, un médico del Alma, un errante soñador de la potencialidad del hombre, un verdadero Patrimonio de la Humanidad…

Hoy creo que a través de su obra se convierte en un Eterno Caminante que continuará esparciendo semillas de esperanza en un mundo que tanto las necesita.




… porque esa es la Vida

un constante tejer y destejer

de vagas sombras

sin más sentido que la Belleza.

Facundo Cabral

viernes, 8 de julio de 2011

DESMEMORIA EN EL TEMPLO DE LOS QOM por Marcelo Valko

El psicólogo y escritor Marcelo Valko,
una vez más me envió (vía mail)
un valioso material que describe cómo fue su paso
por la provincia de Chaco
donde fuera invitado para presentar su último libro
"Pedagogía de la Desmemoria".
Aquí lo reproduzco completo.


Desmemoria en el Templo de los Qom
Por Marcelo Valko

Invitado por el Instituto de Cultura del Chaco, viaje a esa provincia a presentar Pedagogía de la Desmemoria. La idea inicial era realizar una conferencia en la Casa de las Culturas ubicada en el centro de Resistencia. Pero antes de salir de Buenos Aires, los compañeros de Cultura me propusieron llegar un día antes para presentar el texto en el interior, en una comunidad qom en proximidades de Pampa del Indio, distante unos 260 kms de la capital provincial. Acepte con gusto. El avión salió en horario. Tuve suerte ya que horas después cancelaron temporalmente los vuelos a raíz de las cenizas del volcán Puyehue. El viernes 1º de julio cuando la “ola polar” se había instalado con crudeza incluso en el norte del país, una camioneta 4x4 paso a buscarme por el hotel y salimos de Resistencia antes de las 17hs. A poco de andar pasamos por el monumento emplazado en el sitio de la masacre de Margarita Belén. Las 22 figuras que lo componen eternizan el instante de su muerte y continúan denunciado los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura. En aquel entonces, la noche del 12 de diciembre de 1976, el lugar era un descampado. A la vera de la ruta 11, era un sitio ideal para un yacimiento de matanza. El conjunto escultórico me impresionó. Mis tres compañeros de viaje lo conocían y guardaron silencio. Solo el chofer mencionó: “ahí los mataron”. No pude evitar asociar con aquella carta que Juan Manuel de Rosas le escribe a Facundo Quiroga explicando el destino de los indios que caían en sus manos durante la Expedición al Desierto de 1832. La orden era tan lacónica como contundente: “ladearlos del camino y fusilarlos”. Durante largos kilómetros la conversación quedo amordazada.

Una feliz ronda de mate con una yerba sabrosa y aromática me devolvió al paisaje chaqueño, la camioneta volaba a una velocidad inquietante. Un sol enorme y rojo se descolgaba de un cielo límpido amenazando incendiar el horizonte. En aquel viaje hacia el noroeste chaqueño, ya por la ruta provincial 90, observé que en aquel extenso trayecto no queda nada del Impenetrable, apenas su recuerdo. La selva nativa fue devastada por hachas y topadoras. Apenas manchones de árboles y algo de monte bajo. Finalmente a eso de las 19, la hora prevista para la charla, llegamos a cercanías de Pampa del Indio. Un frío extremo y la noche cerrada nos alcanzaron cuando detuvimos la camioneta a la vera de una picada que daba a la ruta. A cierta distancia divisamos una linterna que nos hacía señas. Eran tres integrantes de la comunidad qom que nos estaban esperando, estoicos y sonrientes en medio de la helada. Al observar su mínima vestimenta, me avergoncé de sentir frío pese a mi abrigo. Con una pequeña motocicleta fueron los entusiastas baqueanos que nos guiaron al lugar donde estaban organizando una nueva presentación de mi Desmemoria… Los seguimos varios kilómetros por una huella que zigzagueaba bajo una fiesta de miles de estrellas. Avanzamos lentamente dado el estado del camino de tierra carcomido por las lluvias. Más adelante, una tímida luz indicaba el final del camino. Habíamos llegado.

Los faros de la camioneta por un instante iluminaron un lapacho en cuyas ramas algunos pavos y gallinas se despertaron encandilados. Ni bien bajamos, una serie de perros infaltables nos salieron a chumbar hasta que fueron alejados por los gritos del dueño de casa que me recibió con gran deferencia. “Es el hombre del libro” escuche que le explicó el pastor qom a otro de los líderes de la comunidad. Más atrás vislumbre las formas de un corral. Próxima a la casa del pastor, estaba el templo, una muy modesta construcción de adobe y techo de chapas de 2da mano. Una única bombita iluminaba apenas el centro de la estancia dejando en penumbra los rincones.

La comunidad que había aceptado la propuesta del Instituto de Cultura para presentar el libro, había decidido realizarla en una iglesia evangélica. Cuando los compañeros me anunciaron que presentaríamos el libro en un templo, sonreí aceptando la broma, pero era la más pura verdad. Dado el tema del texto, un sitio religioso es el lugar que menos hubiese imaginado. Entiéndase que no es por desprecio ni mucho menos, aprendí a ser respetuoso de la gente que profesa una religiosidad sincera, cualquiera fuese su creencia. Pero los qom por razones de espacio, habían resuelto hacerlo allí. El único sitio que disponían con cierta amplitud.


En principio se acercaron pocas personas. Tímidos y cohibidos. Bromeando les dije que no se asustaran por mi cara de loco. El pastor sonrió apenas y mandó llamar a la gente que comenzó a sentarse en las escasas hileras de sillas desvencijadas, la mitad permaneció de pie. Me explicó que a algunos “más que a la cara de loco, le tienen miedo a los gringos que vienen con una jeringa y te chupan toda la sangre, por eso se esconden”. Finalmente los últimos chicos, los más temerosos, ingresaron acomodándose lo más cerca posible de la abertura que oficiaba de puerta, bien lejos del “gringo”. Empecé a hablar sobre el genocidio padecido por ranqueles y mapuches. Expliqué sobre los contagios de viruela, de los “depósitos de indios”, del reparto de niños “como si fueran perritos”, de la complicidad de la Iglesia , de las colecciones de cráneos de encumbrados científicos como el perito Moreno y Estanislao Zeballos, su compadre de correrías. El pastor, un qom de unos 60 años estaba parado junto a mí con las manos unidas y un rostro cada vez más compungido por el relato. Estaba vestido con la misma humildad que el resto. El foco de baja intensidad multiplicaba las sombras, pero aún así fui mostrando una a una las imágenes del apéndice del libro como apoyatura del relato. Los más chicos abrían los ojos grandes y redondos cuando hablaba sobre las cabezas coleccionadas por tantos próceres que en lugar de pedestales merecen prontuarios. Algunas jóvenes, por momentos se tapaban la cara. Otros sacaban fotos con sus celulares. Sospecho que varios, algunos abuelitos y niños, no eran hablantes de castellano.

Al terminar la charla se impuso un pesado silencio. Les recordé que en la misma ruta que conduce a Pampa del Indio, se encuentra el pueblo Presidente Roca. El pastor lanzó una reflexión que a algunos les puede parecer más que obvia, pero encierra una gran verdad: “lo que es malo, no es bueno”. Asentí y le dije que tenía toda la razón, que desde los organismos de DDHH, con respecto a los genocidas de ayer y de hoy siempre sostuvimos que “no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos”. Me miró serio, quizás pensando en la doctrina cristiana que habla del perdón y la reconciliación, pero no agregó nada más sobre el tema.

Aliviados ante la inminente partida del “gringo”, los más chicos comenzaron a hacer bromas entre ellos, varios estaban descalzos y vestían un abrigo más que ligero. Salimos al patio. Helaba. El pastor recordó a su padre y las anécdotas sobre matanzas de indios “porque sí”. Varios comentaron sobre un mangrullo donde los soldados que estaban apostados “tiraban a todo indio que veían”. Otro mencionó la matanza del Zapallar por el año ´30. “Esto siempre pasó con nosotros”, aseguró con resignación. La gente de Cultura ya estaba en la camioneta esperándome. Nos abrazamos con los líderes de la comunidad. Mire el cielo estrellado, las gallinas acomodadas en el lapacho. Los perros ya no ladraban. Me despedí y subí a la cabina. El chofer enfiló hacia Resistencia. Neruda hubiese dicho que era “la hora de partir, oh! abandonado”.

Qué más agregar luego de semejante testimonio de compromiso y lucha…Simplemente gracias Marcelo por compartir tu quehacer, tu ejemplo y también por tus palabras de aliento en un momento muy particular que yo atravesé recientemente.

Un abrazo desde el norte argentino

Griselda Gutierrez

sábado, 2 de julio de 2011

SONETO XVII Pablo Neruda



No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.


Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.


Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,


sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Pablo Neruda (Soneto XVII)